Desde el pasado 19 de febrero la Nave 16 del Matadero de Madrid acoge un proyecto de la artista donostiarra Maider López. Un proyecto comisariado por Tania Pardo presentado bajo el título “1645 Tizas”.

Sí, 1645 tizas han sido las utilizadas por Maider en esta pieza a gran escala que ocupa toda la superficie de la pared de este espacio ubicado en Matadero.

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Como si de pequeños brochazos se trataran la artista ha ido recorriendo cada centímetro del perímetro con una tiza, un recorrido gestual y obsesivo que tiene su reflejo en el suelo, en el que se muestra acumulado el polvo que al escribir se iba desprendiendo de la tiza. Restos que nos recuerdan lo efímero del material y lo efímero del arte. El resultado es visualmente impactante. Los trazos se acumulan en líneas horizontales dando un aparente aspecto de sencillez, que encuentra su correlación en el material utilizado.
La acción en sí le ha permitido medir el lugar. Y es que el hecho de medir el espacio es una constante en la producción de la artista. Si bien en muestras anteriores ha sido a través del color y la forma como ha llevado a cabo estas mediciones, en esta obra es un proceso manual, metódico y concienzudo el que le lleva al mismo resultado. De esta forma se le concede, aquí, el protagonismo al material, que convierte la sala negra en un white cube, término normalmente asociado a las galerías de arte, manual e imperfecto.
¿Pero qué busca la artista donostiarra con esto? 1645 Tizas es un proyecto con el que invita a reflexionar sobre el hecho de convertir la superficie de la pared, a través del dibujo, dándole una escala al lugar a través de la acción repetitiva y directa de colorear o decolorar la pared. Además de sobre el tiempo invertido en dicha tarea.
Con todo esto y según se recoge en la propia web del Matadero, donde el proyecto estará expuesto hasta el 30 de abril, con esto Maider Lópezreflexiona sobre la medición numérica sin que se evidencie en el resultado de la intervención, ya que la cifra sólo aparece en el título, como ya hiciera en proyectos anteriores tales como 366 Sillas donde concedió un nuevo uso al espacio público o en 25 People on 25 Hills, 25 People on 1 Hill donde veinticinco personas se colocan individualmente sobre veinticinco colinas para que, posteriormente, este mismo grupo se reorganice en una única loma, dando así escala al paisaje y poniendo en relación cifra numérica, nivel y lugar”.
Pero más allá de todo esto, la artista busca alterar el espacio y generar no sólo un uso o significado diferente del mismo, sino crear una nueva situación que transforme nuestros hábitos y relaciones con el entorno. 1645 Tizas nos invita a interactuar con el espacio, a recorrer sus paredes descubriendo los entresijos de la pieza. Nos invita, en definitiva, a reinventar el entorno y reinventarnos con él.

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