En 1915 Malévich pintó la que se puede decir es su obra más conocida: cuadrado negro. Para muchos esta pieza supuso el fin del arte hasta entonces conocido, el fin de todo lo comprensible y el comienzo de la desfachatez artística. Pero más allá de eso esta obra ha sido punto de inspiración y de partida para muchas de las creaciones surgidas en el último siglo.

No sé si Caleb Larsen tenía presente el cuadrado negro de Malévich al realizar su obra a tool to deceive and slaughter,  pero a nivel personal fue inevitable recordar la obra del ruso cuando me topé por primera vez con la creación de Larsen. Si bien estéticamente se podría ver, salvando las distancias, una analogía, es en ese carácter de fin de arte en el que estas dos obras tienen su punto de unión.

A tool to deceive and slaughter

‘Una herramienta para engañar y masacrar’ es la traducción del nombre de esta pieza realizada en 2009, pero no se dejen engañar por su alarmante título. La obra en sí se puede describir rápidamente como una caja negra con una entrada para un cable de conexión Ethernet. Os preguntaréis para qué tendrá este tipo de conexión y qué hay realmente detrás de esta pieza.

Pues bien, la idea es sencilla: a tool to deceive and slaughter es una caja negra cuyo fin es venderse a sí misma en Ebay cada siete días. Sí, venderse a sí misma. Cada siete días y con un intervalo de diez minutos la pieza inicia un mecanismo de venta en la plataforma digital. A través de una sencilla subasta la obra busca incansablemente nuevo dueño.

Pero el mecanismo de venta no es la única particularidad de la obra, pues la misma viene con un paquete de condiciones que el comprador debe cumplir. Por un lado, y como es evidente, el comprador se compromete a mantener la caja conectada en todo momento para que pueda seguir cumpliendo su función. Por otro lado, el efímero dueño no puede oponerse al interés de adquisición de otra persona bajo ningún concepto.

Además de esto, es el propietario temporal de la obra el encargado de poner precio a la misma de acuerdo a las expectativas del mercado actual. Asimismo, en cada compra la persona que lleva a cabo la venta de la pieza debe pagar al artista un 15% de la cifra vendida.

La crítica a la comercialización del arte, a las figuras intermediarias que pululan en torno a la compra y venta de este, al mercado actual, al coleccionismo, etc., son recogidas conceptualmente en esta caja de 20cm de alto. En definitiva, Larsen nos coloca ante una profunda reflexión: el valor del arte en nuestra sociedad y la naturaleza convencional que este, en muchos casos, sigue presentando. Caleb nos invita a preguntarnos qué hay realmente detrás del mercado del arte, de las grandes cifras, así como hasta donde puede llegar el arte hoy día y si realmente cumple su función.

Me pregunto ahora qué hubieran pensado de esta pieza todos aquellos que vieron en el cuadro negro de Malévich el fin del arte.

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