Hace ya unos meses que me plantee un escrito sobre la obra de la andaluza Ángeles  Agrela (Úbeda, 1966). Hacía poco que había descubierto su trabajo y estaba fascinada con sus creaciones, especialmente con una de sus series.

En un primer momento pensé que lo mejor sería abordar su trabajo de manera general, aunar series bajo una misma mirada, pero ahora prefiero hablaros de forma general de una de las piezas de esta artista que más me fascinan. Y no, no es la que ha sido galardonada el mes pasado con el 30 Premio BMW de Pintura, aunque sí pertenece a la misma serie: Fanzine, en la cual trabaja desde el 2013.

Si bien el nombre de la obra que os menciono es relevante, no es esclarecedor de cara al contenido de la misma, pues Ángeles titula sus proyectos con un carácter serial, siendo para esta en concreto la palabra retrato seguida del número correspondiente la fórmula definitoria. Con esto nos podemos hacer una idea del progreso que sus series tienen, por las cuales el número más elevado es sinónimo de un concepto más trabajado.  Retrato nº81 es el nombre de la obra que nos ocupa.

Ángeles Agrela Retrato nº 81 2015
Ángeles Agrela, Retrato nº 81, 2015

Dos figuras, aparentemente femeninas, ataviadas con ropajes de colores contrastados, se nos muestran en esta obra de Agrela. Ambas figuras comparten una misma masa de pelo que les cubre la cara desde los ojos hasta arriba, dejando al descubierto su nariz y boca, además de una oreja en el caso de una de ellas. Así podríamos describir rápidamente esta obra, sin embargo detrás de cada uno de sus trazos se esconde una delicada crítica social.

Si damos un paso atrás y miramos un momento su trabajo de forma global encontraremos aquí numerosos elementos que se repiten de manera constante en sus piezas. El disfraz, el pelo, el retrato de medio cuerpo, la ropa, los estampados del fondo, etc., son elementos que se dan una y otra vez en su trabajo y más especialmente en esta serie, por lo que aquí no podían faltar.

En este caso concreto todo se ve duplicado por la existencia de dos figuras, en lugar de una, que es la otra opción recurrente en la serie. Ambas figuras, como decíamos, muestran atuendos de colores contrastados, que a su vez conjuntan con el fondo azulado.  En cuestión de tonalidades se respira una inquietante armonía, pues si bien los colores coexisten unos al lado de los otros, su fuerza e intensidad despierta una leve inquietud en el espectador.

Es a través de los ropajes como Agrela nos acerca al mundo de la moda y su potencial camaleónico, así como a su discurso conceptual. Nos vestimos a diario siguiendo unos cánones estéticos, unas fórmulas de identidad a través de las cuales se nos reconoce y etiqueta. Esas mismas fórmulas de configuración identitaria son aquí rescatadas por la artista andaluza con el fin de confundirnos, de invitarnos a reflexionar.

Esta ambigüedad de género, de imposibilidad de reconocimiento social al que estamos acostumbrados, es llevada al extremo con las masas de pelo que cubren las cabezas de las personas representadas. En este caso nuestras dos figuras son cubiertas por una estructura de pelo única, única además por su color, en la que no se puede visualizar una separación, que deja al descubierto la mitad de ambos rostros. Sin embargo la postura con la que se nos presentan no nos ayuda en la identificación de las mismas, sino que fomentan el estado de imprecisión en el que estas piezas se desenvuelven.

Al ocultar aquí los rasgos evidentes de una persona y añadir formas visuales llamativas que distraen la atención, nuestra mirada se vuelve hacía la experiencia del maniquí y de la escenografía casi de escaparate.  Con todo ello se nos ofrece una reflexión en torno a personajes que deciden una “configuración” visual para su persona que no es casual, sino firmemente buscada. Una configuración que se nos muestra como una parte imprescindible de sí mismas.

Pero la idea conceptual que Agrela comparte no se queda aquí. A través de su obra en general la andaluza busca devolver a la pintura su razón de ser como documento. Desde que la fotografía apareció en nuestras vidas, si bien la pintura no ha pasado a un segundo plano, si ha perdido, en cierta manera, la idea de reflejo acreditativo de un momento. La labor documental, a través de la que descubrir las vestimentas, los peinados e interiores de una época es algo que en nuestra actualidad se desarrolla desde el objetivo de una cámara y no desde la punta de un pincel.

Licenciada en Bellas Artes por la Facultad Alonso Cano de Granada, Ángeles, nos acerca, por tanto, a un constante ejercicio de reflexión en torno a la indumentaria como camuflaje, como medio de ocultamiento de una identidad, de enmascarar un retrato. Una reflexión, en definitiva, subjetiva y personal de la cual cada uno debe sacar sus propias conclusiones.

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Un comentario sobre “Retrato nº81 por Ángeles Agrela

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