¿Quién no ha escuchado decir, ha pensado alguna vez, o ha dicho “esto lo hace mi hijo de 3 años” “esto es un timo” “¿por esto pagan dinero?” frente a una obra de arte contemporánea no figurativa y un tanto conceptual? Especifíco el carácter de obra figurativa porque lo que está claro es que actualmente nadie, o casi nadie, rechaza el arte figurativo, el “entendible” a simple vista. Pero, ¿Qué pasa con todo lo demás?. Entender el arte contemporáneo no es tarea fácil, pero tampoco lo fue para los contemporáneos de Picasso, de Goya, o de Van Gogh. Para llegar a comprenderlo primero hay que ponerse frente a frente con los obstáculos que genera.

Y es que actualmente el arte da lugar a varios problemas. Por un lado, el rechazo social, específicamente el de las personas ajenas al arte en sí. Rechazo nacido de una sensación de estafa, timo, descontrol de los parámetros conocidos como artísticos, ante la contemplación de una obra. Rechazo que da lugar a todas esas frases con las que iniciábamos esta reflexión y que proviene de una sociedad que no acepta la evolución, el cambio de los medios de producción artísticos y sus resultados, que está cómoda en las representaciones reconocibles de su imaginario y no gustan de entrar en el juego del artista para intentar ver qué es lo que ahí busca o quiere decir.

Ante este tipo de rechazo se encontró una vez Joseph Beuys quien respondió muy astutamente “Lo que haces ahora es criticar en general algo que aún no conoces lo suficiente” (sacado del libro “Cada hombre, un artista”), y en realidad eso es lo que hacemos ante las obras que no responden a los cánones tradicionales. Pues tenemos una herencia figurativa, una manera de mirar la obra condicionada por el pasado, que no queremos perder.

Por otro lado, nos encontramos con el problema de que todas estas obras invaloradas por el grueso de la población son el punto de mira de los intelectuales (generalizando), que últimamente parecen sentirse atraídos por las obras cuanto más raras mejor, da igual lo que quieran contar, o lo que cuenten en realidad, el caso es ser el más original del lugar con la obra más abstracta del momento. Esto causa un añadido peligroso a la ya difícil relación entre arte y sociedad, entre la anhelada pareja arte y vida, en torno a la que muchos artistas del pasado, no tan lejano, han desarrollado su obra. Pues no siempre son elecciones favorables las que se dejan guiar por el afán de parecer entendido y seguir la moda.

Frente a todo este descontrol encontramos un artículo de Natalie Heinich para la “Revista de Occidente” (nº364 / Septiembre 2011) en el que desarrolla una teoría que ayuda a entender el arte contemporáneo. Su teoría nace del libro Le triple jeu de l´art contemporain (El triple juego del arte contemporáneo) en el que se da la posibilidad de considerar el arte contemporáneo como un género o una categoría y no como un periodo artístico determinado. A partir de ahí Natalie explica que el arte contemporáneo puede ser considerado, en realidad, tres géneros o categorías de arte, que se corresponderían con arte clásico, moderno y contemporáneo.

Cada una de estas se desarrolla actualmente y las tres conviven perfectamente, sin ser una más que otra. Define cada una de ellas de la siguiente forma. Arte clásico, se basa en la figuración, que respeta las reglas académicas de correspondencia con la realidad (hablamos pues de naturalezas muertas, retratos, paisajes, etc.) Arte moderno, comparte con el arte clásico el respeto por los materiales tradicionales, pero se aleja de él en la medida en que se fundamenta en la expresión de la interioridad del artista. Y la tercera categoría, el arte contemporáneo se basa en la transgresión sistemática de los criterios artísticos, propios tanto de la tradición clásica como de la tradición moderna, luego contemporánea.

Si aceptamos esta categorización del arte actual veremos que es solo una tercera parte la que no llegamos a comprender, que se sale de lo conocido y con la que tenemos que hacer una lectura más profunda, más interesada, y no todo el arte contemporáneo, que muchos rechazan solo de escucharlo.

De igual forma, seremos conscientes de que no hay un único arte que se da en un periodo determinado. Hay mucho. Y, por supuesto, hay muchos factores a tener en cuenta a la hora de juzgarlo. No todo lo que se hace es válido y la prueba la tendremos cuando dentro de unas décadas miremos a esta y veamos qué es lo que realmente ha permanecido y qué fue la moda del momento.

En este mundo hay que dejarse llevar por lo que cada uno siente, puesto que arte es todo aquello que haga moverse algo en tu interior, da igual si es agradable o no, lo que importa es que transmite algo, y que ha nacido con la intención de transmitir algo. Y el instinto nunca nos falla a la hora de apreciar eso. Simplemente hay que saber escucharlo y no cegarse porque no sea estéticamente bonito o no esté de moda.

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